Palabras a una Experiencia
Deseo contarles que en la década del ochenta, y durante los años siguientes incursioné por la experiencia de trabajar con profesionales médicos neonatólogos en la terapia neonatal del hospital Carlos G. Durand. junto a los doctores Horacio Olivé, Rosana Scoccola, Nora Goyeneche, Julio Falk; César Toporosi, Héctor Rosemblum, Margarita Martín, los médicos de guardia y médicos residentes, y todas y cada una de las enfermeras de la unidad de cuidados intensivos.
Correr de la sala de maternidad, o de la sala de partos a la unidad, se transformó en lo habitual; requerida - por suerte- nuestra atención psicológica por diversas patologías de los bebés como también frente al nacimiento prematuro.
De esta manera se fue configurando un trabajo interdisciplinario con los padres; que luego de haber transitado por internaciones prolongadas y partos de características traumáticas, debían permanecer semanas, meses, agobiados por la incertidumbre del futuro de sus hijos.
En esas épocas era dificil que se comprendiera institucionalmente nuestro accionar como psicólogos pero de todos modos el equipo era permanentemente convocado.
Accedimos al bautizo como profesionales de la palabra, a la realidad siempre dolorosa pero muchas veces -por suerte-, con una salida vital de esos pequeños seres que despertaban nuestro asombro en su lucha por vivir.
Descubrir sus recursos para sostenerse en medio de situaciones de intenso estrés y su observación incrementaban sentimientos de ternura y cobijo y pienso que fueron los andamiajes internos que pudimos construir para una tarea que se llevó adelante con dificultades pero que prosperó.
Con Nora Goyeneche armamos los primeros nidos para colocar en las incubadoras. Comprábamos las telas, y recuerdo que luego de grandes estudios para evaluar cuáles eran los elementos con qué podían ser rellenados esos nidos para que fuesen capaces de perdurar a la permanente esterilización, decidimos que una opción era el tergopol, ella venía cargada con bolsas inmensas de bolitas de tergopol para confeccionarlos.
Trabajando en cada cabina en sesiones vinculares que permitieran a estos padres paralizados, temerosos, asustados, por la experiencia del nacimiento de un hijo tan diferente al soñado, al imaginado, al fantaseado, significó posibilitar la comunicación como relación con su desvalimiento y comenzar a descubrir el maternaje.
El comienzo del amamantamiento, el contacto piel a piel ( madre canguro) el aprender a observar a su bebé y sus mensajes fueron intervenciones que dio cabida a una creciente relación vincular.
Fuimos todos o casi todos a escuchar las conferencias de Eidelise Als: luz baja, disminución de los ruidos, etc., y trabajo constante con las madres que permanecían en la pequeña habitación , contigua a la unidad.
Pienso que todos los recursos o herramientas que abonen a un proyecto de vida son válidos cuando uno tiene claro lo que hace y porqué lo hace, por ello en esta tarea hubo momentos en que articulé mi rol de psicóloga con el de una especie de terapista ocupacional, llevaba hilos, agujas, las telas para que las madres en sus tiempos libres y tensos en a;gustia, " cosieran los nidos" que remedaban simbólicamente el anidamiento que no pudieron contener en sus cuerpos y que dotaba a sus bebés de la ilusión de unidad.
Así una vez por semana esos grupos de madres; de madres y padres, adultos, adolescentes; junto con Rosana Scóccola y Nora Goyeneche, daban despliegue a hondas charlas respecto de sus bebés. El esperado comienzo del amamantamiento,las recaídas, las intervenciones quirúrgicas, la evaluación neurológica, la evaluación de la visión, y también la muerte muchas veces presente, eran encrucijadas por las que nos encontrábamos atravesados todos, padres y profesionales, pero también se hacía presente la observación de la evolución de sus bebés que eran puestos en los nidos, que eran investidos y acariciados con la voz, la mirada y manos de sus padres, de sus hermanitos, la experiencia del amamantamiento, el encuentro piel a piel, los iba acercando al esperado momento de la partida, con sus miedos e inseguridades, también con la alegría y la presencia de la duda acerca de si podrían solas llevar adelante a sus bebés.
Así una vez por semana esos grupos de madres; de madres y padres, adultos, adolescentes; junto con Rosana Scóccola y Nora Goyeneche, daban despliegue a hondas charlas respecto de sus bebés. El esperado comienzo del amamantamiento,las recaídas, las intervenciones quirúrgicas, la evaluación neurológica, la evaluación de la visión, y también la muerte muchas veces presente, eran encrucijadas por las que nos encontrábamos atravesados todos, padres y profesionales, pero también se hacía presente la observación de la evolución de sus bebés que eran puestos en los nidos, que eran investidos y acariciados con la voz, la mirada y manos de sus padres, de sus hermanitos, la experiencia del amamantamiento, el encuentro piel a piel, los iba acercando al esperado momento de la partida, con sus miedos e inseguridades, también con la alegría y la presencia de la duda acerca de si podrían solas llevar adelante a sus bebés.