16.9.16










DERECHO A PARIR Y NACER CON RESPETO Y  EN LIBERTAD
  

Lic.MirtaVidela                                                                                                          
Dr. Gustavo Katz

  “Y Dios dijo a la mujer:

multiplicaré tus preñeces,

multiplicaré tus dolores,

con dolor darás tus hijos a luz,

te sentirás atraída con ardor por tu marido,

pero él te someterá”.

Génesis. Antiguo Testamento. Cap. I, V y XVI

 Nosotros venimos sosteniendo que la salud es un derecho humano social básico e universal, y su apropiación es un camino hacia la mayor libertad humana. Esto se vincula  plenamente con los procesos vitales del parir y del nacer, donde la libertad del proceso en acuerdo a las potencialidades y deseos de cada uno, aún no es posible para todos, porque bajo pretexto de considerarlo como enfermedad, se le medicaliza y tecnifica sin necesidad en estos hechos naturales. Se decide por la embarazada y su hijo, el tiempo y forma de esa separación de la simbiosis uterina,  impidiendo el pleno protagonismo de la mujer en el acto sexuado y normal de parir y del nacer del hijo y el acompañamiento activo del padre.

  Desde los inicios de la existencia humana, las personas han tratado de bucear en las causas de sus males y mecanismos  de su funcionamiento corporal, relacionados con el comienzo y el final de la vida. Esto varía según los significados individuales y sociales, según la esencia misma de cada cultura. En nuestra cultura ha ejercido influencia la interpretación punitiva de la enfermedad, soportando pasivamente el sufrimiento, como forma de expiación de sus supuestos pecados. Con frecuencia en sala de parto, algunas mujeres dicen ante el dolor “¿qué hice yo para merecer esto?”. También algunos miembros del equipo de salud le dicen “aguantá, que el dolor te hará más madre” o “cierra  la boca y soportá, por ser mujer”.

 Estas concepciones implican una ideología causalista, donde la  mujer es pasiva y sin posibilidades de reacción, a expensas de los abusos del poder. Su representación más acabada son las palabras del obstetra francés Lamaze, padre de la  Psicoprofilaxis Obstétrica,  cuando decía “una mujer bien preparada es una bien educada, que guarda silencio total en  el parto y obedece las indicaciones del médico”. La más cara expresión del autoritarismo y del abuso de poder del saber médico en siglos pasados.  Luego de su visita al país, fue imitado por la mayoría de los obstetras argentinos, docentes universitarios y jefes de servicio hospitalarios, a mediados los años cincuenta  del pasado siglo.Esas huellas hemos tratado de borrar en los cincuenta y pico de años que tabajamos juntos.

 Nuestra intención es  la dignidad del nacimiento

Nuestra primera intención al escribir juntos, es de comunicar nuestras experiencias con el parto y nacimiento acuático. Pero  recientemente  nos dimos cuenta que nos reducíamos a un solo aspecto de lo que intentábamos compartir. Sobre todo corriendo el riesgo de hacer de nuestro quehacer un producto más del mercado de salud. Deseamos hablar del derecho a parir y a nacer en dignidad y en plena libertad,  una frase que define una concepción analizada y compartida por ambos, médico y  psicóloga, acerca del parto y el nacimiento, con todos los significantes que comporta esta experiencia  de ese ser humano que asoma a la vida con nuestra colaboración. Se  trata de una visión transdisciplinar, debido a que es el resultado de más de cinco décadas de trabajo en medicina y psicología, compartiendo experiencias, en la búsqueda de un cambio profesional e institucional del nacimiento. Depositarios de experiencias sumadas en lo público y privado, buscando superar dualidades de la ciencia y las frecuentes fantasías de propietarios del saber, inherentes a cada profesión. Transdisciplina es una concepción más actual en la revisión del camino del pensar para hacer y del hacer para pensar. Se trata de un pensamiento nómade con un intercambio e interacción, un “libre tránsito” de saberes, para ser atravesado por conocimientos de otros.


  El instrumento metodológico apropiado es el trabajo con otros, grupal y compartido, que en ocasiones hasta resulta doloroso, como decía Pichón Riviere, porque llegar al “co-pensar” con otros se renuncia al protagonismo narcisista. Esta propuesta sostiene salirse del lugar de las certezas y del idealismo ingenio,  con el sentido de obtener una verdadera convergencia de los saberes.

   Estas páginas son una intención de dejar escrito un testimonio que facilite a otros un “acabado fino” en nuestra construcción, de una forma de seguir siempre buscando la plena condición humana de la libertad, en el marco de la dignidad y el respeto hacia la mujer, como de la intimidad de la pareja, para lograr la dicha de  experimentar conscientemente el sentido del dar la vida y del poder llegar a la vida en estas condiciones.

  Hemos transitado varias décadas para lograr la legalización y constitucionalidad nacional, aunque a nuestro criterio en los últimos años se ha perdido la noción de los valores humanos, transgresión aún mayor cuando esto sucede ante el nacimiento de un ser humano y el hecho más transcendente de la sexualidad de una mujer, el dar a luz un hijo. Por eso  le agregamos a la dignidad y la libertad, también  con respeto y con amor, algo tan elemental y sin embargo tan ausente de muchas salas de parto, que suelen funcionar más bien como “parideros” como dicen los españoles.

  Nos parece necesario aclarar que constantemente nos referíamos al parto y nacimiento en el agua como una opción y no una devoción, precisamente porque nuestra conjunción transdisciplinar nos ha permitido entender que todo método no es aplicable a toda mujer, no es generalizable, ya que entendemos al parto simplemente como una conducta humana como cualquier otra, de acuerdo a cada mujer y su biografia.  

  Parir es separarse del niño gestado en el útero, cada mujer posee un tiempo, un ritmo y un estilo personal para romper esa simbiosis fetal, bipersonal, construida en los nueve meses del crecimiento y desarrollo uterino del niño. Pero esta opción  no es general sino  bien más diferencial,  ya que permitir parir a una mujer y a su hijo nacer en plena libertad, no es aceptado por todos los profesionales, ni las instituciones médicas ni los sistemas de salud, públicos o privados. 

  Estábamos muy lejos de proponer nuestra tarea como modelo o panacea,  tanto como la de quienes proponen hoy “parto suave”, “parto ecológico”, “parto natural” o la concepción de Leboyer sobre “nacimiento sin violencia”. Estos son modelos para adoptar, propuestos por la obstetricia actual, que no siempre tienen en cuenta las variables individuales, las múltiples  facetas de la subjetividad. Muchos opinan que todas estas propuestas forman parte de un “volver a la naturaleza”,  pero teniendo en cuenta que el parto es un comportamiento sexual, en tanto la sexualidad humana continúe atada a tantos tabúes y prohibiciones, el parto seguirá siendo un resultado de ello y por lo tanto el dolor seguirá acechando a las mujeres pariendo.  Finalmente hablar de la “humanización del parto”, es una simple redundancia, pues el parto siempre  fue humano, lo que no serlo es el comportamiento de algunos los equipos de salud que lo asisten.

  Partimos  del concepto  básico, que considera a la persona no como una biología manipulable técnicamente, sino como una biología atravesada por su biografía. Por lo tanto el alumbramiento del ser humano no es sólo alumbramiento carnal, sino también simbólico, alumbramiento es lenguaje”. Cada cuerpo habla y nos dice de su registro histórico, de su forma de amar, de gestar y sus posibilidades de parir

  Deseamos aclarar que no se trata de una experiencia mística, snob, de  moda, tampoco esotérica, sino simplemente una forma de respeto por los derechos y los sentimientos de una mujer pariendo, de su hijo en nacimiento y de su pareja, el padre del niño, participando activa y plenamente del hecho. Siendo esta propuesta tan sencilla, es notable la resistencia que genera en el orden médico y las instituciones del nacimiento.

  Deseábamos y hacíamos todo lo posible para que no siga siendo una posibilidad de un solo sector social, una opción de elite, en la medida que se les permitiera hacerlo en los hospitales públicos,  cerrados a esa posibilidad, afortunadamente ya está ocurriendo en algunos. Estamos convencidos que iniciar experiencias aisladas en un sector o servicio de un hospital no es suficiente, porque hace falta una reforma total del sistema hospitalario, condición que requiere de un cambio en la formación académica del equipo de salud, médicos, enfermeras, obstétricas y demás auxiliares.

  Desde hace varias décadas las mujeres vienen intentando recuperar el protagonismo que la obstetricia les robara, imponiéndoles posiciones de enfermas, control de sus tiempos y formas de separarse de su  hijo gestado, como también  medicalización indiscriminada. La maternidad no es una enfermedad y nuestra tarea es la de facilitadores y acompañantes de un proceso en salud, de la que no somos los protagonistas ni mucho menos los dueños.

  Ya vamos por la segunda etapa de nuestra batalla: restituir al padre su rol activo y co-protagónico en el momento del nacimiento de su hijo. Propiciamos para ello que el varón se involucre activamente, dejando su estado de “convidado de piedra” que le otorgan los que lo “autorizan” desde el orden médico personal o  institucional, para estar presentes pero estáticos en la sala de parto. Su vital participación  es  ya debidamente probado que estimula también su participación posterior responsable en la crianza, con presencia responsable y constante de su función paterna, junto a su mujer, madre del niño.

  Hemos confrontado con todo esto y  también lo hemos padecido ambos; fuimos por tal razón víctimas institucionales de las exclusiones, descalificaciones y cuestionamientos desde el poder biomédico y político, como además hasta objeciones de nuestros propios colegas.  Esto nos recuerda a lo que dice  el escritor Eduardo Galeano,  respecto a que “los sudamericanos  estamos hechos de maíz,  por eso la diversidad de colores que tenemos en el país, como todas las del maíz sudamericano. Dicen que nuestros dioses andinos crearon a las personas para que los acompañaran, primero nos hicieron de madera pero no éramos buenos, por eso nos hicieron de  maíz. Pero aún quedan “gentes de madera” que no se inmutan por nada ni se conmueven, porque no se mueven, como la madera.”

  Pero nada es capaz de convencernos en dejar nuestros principios y continuar trabajando por esos objetivos. Seguiremos proponiéndonos favorecer que el parir y el nacer sean vivencias de alegría, paz, creación compartida, plenitud, belleza, respeto y compañía, es decir sin violencia y con respeto, libre elección de la posición que desee, en el agua o fuera de ella, con su compañero, sin medicaciones acelerantes que le roben el tiempo personal en cada parto, sin cirugías innecesarias ni metodologias de violencia obstétrica como la episiotomía indiscriminada, la enema, el rasurado y la violencia verbal acostumbrada de antaño.

   En nuestras profesiones, la articulación transdisciplinar se produce cuando enfrentamos a nuestro propio narcisismo y podemos corrernos del lugar del “yo”, para poder situarnos en el  de “nosotros”, una verdadera artesanía es lograr acceder al co-hacer con otros. Desde esta perspectiva es que comenzamos a trabajar en varios frentes, para lograr que estos cambios nos conduzcan a crear con  otros, las condiciones propicias para el pleno ejercicio de la libertad en el hecho más trascendente de la creatividad  humana.



Lic. Mirta Videla                                                       Dr. Gustavo Katz
Psicóloga Clínica                                                  Médico Tocoginecólogo





Mujer y Familia: Matrices del Psiquismo/Psicoperinatología